top of page

El "Super Niño" y su huella en Guatemala

Actualizado: hace 11 minutos

¿Qué es el fenómeno de El Niño que ha afectado antaño a Guatemala?¿Por qué llueve menos?¿Estamos ante una sequía nunca antes vista en el país?


Pues bien, el fenómeno conocido como El Niño-Oscilación del Sur (ENSO, por sus siglas en inglés) es el modo dominante de variabilidad climática interanual en el planeta. Según la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA), el ENSO se caracteriza por la fluctuación entre una fase cálida (El Niño), una fase fría (La Niña) y una fase neutral, originadas por cambios en la temperatura superficial del Océano Pacífico tropical central y oriental y su interacción con la atmósfera. Durante un evento de El Niño, los vientos alisios se debilitan, lo que permite que las aguas cálidas del Pacífico occidental se desplacen hacia el este, alterando drásticamente los patrones globales de circulación atmosférica y precipitación.


Cuando la magnitud de este calentamiento oceánico es excepcionalmente alta, como ocurrió en los eventos de 1982-1983, 1997-1998 y más recientemente en 2015-2016, se le denomina coloquialmente "Super Niño". Investigaciones publicadas en Nature Climate Change sugieren que, bajo el calentamiento global antropogénico, la frecuencia de estos eventos extremos de El Niño podría duplicarse en el siglo XXI, pasando de uno cada 20 años a uno cada 10 años, debido a la aceleración del ciclo hidrológico y al calentamiento desigual del océano.


Para la región de Mesoamérica y Centroamérica, la fase cálida del ENSO está robustamente asociada con un déficit de precipitación y un aumento de las temperaturas, especialmente en la vertiente del Pacífico. Un estudio clásico publicado en el Journal of Climate demostró que la señal de El Niño explica una porción significativa de la varianza interanual de la lluvia en esta región, generando condiciones de sequía meteorológica que afectan la disponibilidad de agua para los ecosistemas y la agricultura. EL impacto de El Niño en Centroamérica se manifiesta de manera más aguda durante la canícula (el periodo seco de mitad de la estación lluviosa), prolongándola y haciéndola más intensa, lo que resulta en una estación de crecimiento agrícola significativamente más corta. Este es el mecanismo primario detrás de las crisis alimentarias recurrentes en el llamado Corredor Seco Centroamericano.


Existen 3 tipos de sequías: Meteorológica, Agrícola e Hídrica, todas estas desencadenando problemas socio-económicos. Centrándonos específicamente en Guatemala, el último evento de "Super Niño" (2015-2016) tuvo consecuencias que trascendieron lo meteorológico para convertirse en una crisis humanitaria (socio-económica). Guatemala es uno de los países más vulnerables del mundo a los impactos del cambio climático y a la variabilidad del ENSO, no solo por su exposición geográfica sino por sus altos índices de pobreza, desigualdad y dependencia de la agricultura sin irrigación.


Los impactos del "Super Niño" en Guatemala se manifestaron de forma sistémica, principalmente en consecuencias como: la crisis de seguridad alimentaria y nutricional, la crisis hídrica, el impacto ambiental y económico. La sequía extrema de la vegetación creó las condiciones para una temporada de incendios forestales devastadora. Un estudio publicado en Nature Climate Change analizó la relación entre El Niño 2015-2016 y los incendios en Centroamérica, encontrando una correlación positiva y significativa entre el déficit de precipitación y el área quemada, afectando la biodiversidad y liberando grandes cantidades de CO2 a la atmósfera. En el plano económico, la pérdida de cultivos de exportación como el café, sensible a los cambios en el régimen de lluvias y temperaturas, impactó negativamente el empleo rural y los ingresos de divisas.


En conclusión, el último "Super Niño" no fue un evento meteorológico aislado, sino un estresor sistémico que expuso y profundizó las vulnerabilidades estructurales de Guatemala. La literatura científica es clara: El Niño es un fenómeno natural, pero sus impactos son mediados por la capacidad de adaptación de las sociedades. La experiencia del 2015-2016 subraya la necesidad urgente de fortalecer la resiliencia del país mediante la planificación territorial, la gestión integrada del recurso hídrico, la diversificación agrícola y la implementación de sistemas de alerta temprana basados en pronósticos climáticos estacionales, tal como lo recomiendan los informes del IPCC para regiones como Centroamérica.


Referencias:

 
 
 

Comentarios


bottom of page